Había
una vez un señor que sabía mucho de matemáticas,
de física, de astronomía, de filosofía, en
fin, de todo lo difícil. Se llamaba Isaac Newton.
Se dice que un día, en un almuerzo al que lo habían
invitado, se había dado una panzada de fetucinis que para
qué te cuento.
Tal es así que no pudo llegar a su hogar y se tiró
a digestionar abajo de un árbol, que intuimos habría
de ser un manzano, sino más que ley, habría descubierto
un milagro.
Estaba ahí, retozando lo más pancho, cuando una
manzana que se desprendió del árbol le dio en el
marulo.
-Loremilparió!-, exclamó, tras lo cual dijo: "Uia,
todo se cae para abajo".
Pero hete aquí que el golpe no había sido apenas
un raspón, tuvo que ser hospitalizado, y cuando le preguntaban
al médico decía: "y ...está grave".
Finalmente le dieron el alta. Pero parece que no quedó
muy bien porque dijo que lo de la manzana tenía que ver
con la luna, las mareas, los planetas, el sol, el centro de la
tierra. Pobre tipo...
Esta historia es recordada en el imaginario colectivo bajo el
nombre de La Manzana de Newton. En el círculo científico
se conoce como Ley de Gravitación Universal.
En ambos casos es lo mismo que acabamos de referir.-
Y colorín, colorete, esta historia salió para el
oxete.