La
bucólica Heidy cambió la pradera por las cadenas,
muy a pesar de su abuelito, y hoy es Heidy Metal.
Heidi volvía de un bonito paseo por la pradera en compañía
de Pedro y Niebla. Al llegar a la cabaña prendió
la radio y tras dar con su música favorita subió
el volumen haciendo temblar los troncos de las paredes.
El abuelito, mezcla de asombro y disgusto, clavó sus ojos
en la niña. Heidi, con la suficiente inocencia como para
no captar la mirada reprobatoria del abuelo, le dijo:
_Abuelito dime tú, qué sonidos son los que oigo
yo?
La pregunta fue sencilla, la respuesta, un tanto imprecisa.
_Puede ser hardcore, trash, hip hop, funk, punk, pop...
No se sabía bien si estaba respondiendo o imitando el ruido
de la cacerola que en esos momentos rodaba por la escalera.
En busca de una respuesta certera Heidi fue a visitar a Clarita.
Allí volvió a escuchar la misma música que
tanto le gustaba, pero no provenía de la casa de su amiga.
Era de los vecinos, los Die Toten Hosen, que estaban ensayando
para su próximo recital. Heidi salió disparada como
una flecha al encuentro de la música, al grito de "die,
die , die!!!", ocasionándole un desmayo a la Señorita
Rottenmayer.
Fue la última vez que se la vio con su vestidito rojo y
rosa y su remera amarilla. Hay quienes afirman que sólo
su apariencia ha cambiado, que tras descubrir que el metal era
aquel sonido que tanto la fascinaba cambió sus ropas, pero
no su tierno corazón.
Pero están también los otros, aquellos que dicen
haberla visto borracha fumándose un atado de heno y matando
pollitos y pajaritos, como el pobre Pichí, cuya muerte
aún sigue siendo un misterio...
Poco más sabemos de ella. Pedro ya no quiere verla, está
felizmente casado con una oveja y prefiere mantener distancia.
Copito de Nieve y Niebla fueron a probar suerte a Hollywood donde
Clarita está rodando. Está rodando una película,
digo!.
Y el abuelito..... el abuelito tal vez haya puesto un cyber café
en la montaña. Uno nunca sabe..., si acaso tú lo
sabes, pues entonces dime tú.