Desde siempre han existido figuras destacadas en la historia
de la humanidad. Personas que han sabido sobresalir entre los
demás y dejar una estampa única e irrepetible. La
historia de hoy se centra sobre uno de los hombres más
influyentes del siglo XVIII, Benjamin Franklinstein.
Desde chico supo que su vida estaría signada por su inteligencia
y sus conocimientos, por su destreza para formular nuevos pensamientos.
Pero toda vida particular tiene su lado terrible. La infancia
de Benjamin no fue fácil de llevar. Cuenta una anécdota
que en la primaria, en el Instituto Rottweiler, al joven Franklinstein
se lo conocía por "Pie Grande", "Zapatones"
o "Pies de Canoa", por los grandes zapatos que el niño
debía llevar, debido a que sus pies sufrían de pie
plano.
Ya de adolescente mostró inclinaciones por la ciencias.
Habiendo tantos terrenos por explorar, no tardó en inclinarse
por las investigaciones en el campo de la electricidad, un fenómeno
del que mucho se hablaba, pero poco se sabía. Debido a
eso, él siempre mostró la postura de ir a los hechos,
más que quedarse en las palabras.
Corría el año 1752, el joven Benjamin buscaba la
oportunidad de unir dos de sus hobbies más preponderantes:
la investigación y el remonte de barriletes. Sin saber
que aquel día quedaría para la posteridad, partió
hacia la colina Westfar, al sur de Southpark, y ató el
llavero de su casa a un barrilete, reemplazando el cordel de la
cometa con un fino cable de cobre. Esperó unas horas, mientras
la tormenta amenazaba en el cielo, y con una habilidad casi innata
elevó el barrilete por los aires. Minutos después
de haberlo logrado, un rayo cayó vertiginosamente en la
cometa, y como es sabido, el cobre condujo la electricidad hacia
la humanidad de Franklinstein, quien fue arrojado unos cuantos
metros hacia atrás, quedando inconsciente, boca arriba.
Las coincidencias del destino quisieron que un amigo de Benjamin
pase por aquel lugar y lo vea tendido en el verde pasto de la
colina Westfar. Impactado por el hecho, el amigo se acercó
hasta el lugar creyendo lo peor. Aparentemente Benjamin no respiraba,
ni mostraba señales de vida. Pero instantes después
abrió los ojos. La sorpresa fue tal que el amigo comenzó
a gritar: ¡Está vivo! ¡Está vivo! Cuando
Benjamin logró incorporarse se dirigieron al bar más
cercano, donde copetearon hasta las 2 de la mañana.
Años después Benjamin Franklinstein será
editor, impresor, colaborará en la redacción de
la Constitución de los Estados Unidos y tendrá su
propio periódico. Fundará la primera biblioteca
de Filadelfia y luchará contra la discriminación
de los niños con zapatos ortopédicos. Los más
cercanos destacarán su magnética personalidad, pero
los más dirán que era un cortado.
